Traducir el dolor en música: ¿Por qué describir un síntoma puede ser el primer paso para sanar?

27 de mayo de 2026

A la revisión médica se le llama también anamnesis, que en esencia es un interrogatorio para construir la historia clínica. Por eso es necesario, antes de luchar contra el sistema de salud, ir provistos a la consulta.

Traducir el dolor en música en mi caso, o en muchos casos trasladarlo a palabras implica reconocer su ubicación, porque generalmente este se describe como algo que viene de afuera (un clavo, un rayo, agua hirviendo), lo que genera miedo al explicar un síntoma.

Pero la realidad es que esta manifestación es una interacción entre lo que sucede en el cuerpo y lo que la mente cree que está experimentando. Hay que habitar la molestia para esclarecerla, darle una forma física para así mapear el dolor.

Me encontraba haciendo la terapia en la piscina y, por descuido en una brazada, me entró mucha agua por la nariz. Semejante escozor resulta intolerable e inmediatamente mi mente me dijo que ese es exactamente el ardor que siento constantemente en mi cabeza y cara, como secuela de haber sufrido una meningitis bacteriana. Esta quemazón es una exacerbación del nervio trigémino, o las ramificaciones sobreestimuladas por aquella inflamación severa que tuve. Al entrar el líquido, recorrió ese mismo camino por donde pasa el nervio, y los termorreceptores enviaron una señal a mi cerebro de que estaba ingresando algo que chocaba con la sensible mucosa nasal, lo que produjo una hinchazón y una irritación química por el mismo cloro.

Todo converge en un mismo centro de control antes de llegar al cerebro, que se ubica en la base del cráneo, por donde pasan las ramificaciones del trigémino. Al no haber un punto exacto de origen, el cerebro interpreta que algo está pasando y por eso se irradia la percepción. Esa sensación de que algo se está quemando por dentro, como cuando el agua entró y quemó mi nariz y mis ojos, es como un motoritmo de glissandos que descienden una octava en negra a velocidad de sesenta, y por momentos se logran cruzar y hasta ligar unos con otros, donde lo único que busco es absoluto silencio y algo muy frío en el rostro.

Siguiendo esa misma línea de traducción, un dolor de cabeza puede tener muchos orígenes. Propongo también describirlo como un «rebote doble en caída eterna», donde el cerebro es golpeado desde adentro por el cráneo múltiples veces y luego siento que mi cara choca contra los escalones. Es por eso una caída eterna, porque tarda muchas horas en irse mientras se percibe una sensación de pulsación y embombamiento; lo que permite explicar el sufrimiento que vivo con tal precisión, que parece un ritmo de corcheas donde se acentúa la primera y en ocasiones la segunda, y la textura fluctúa al sumarse ruidos a esa masa densa que rueda por las escaleras.

Porque el síntoma no debe ser una rendición, pero sí una rendición de cuentas en la anamnesis. Buscar el silencio físico es lo único que me alivia; pero frente al diagnóstico, callar no puede ser una consecuencia del dolor.

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