Estrangulación fulminante en el abdomen bajo

2 de septiembre de 2026

Evoco con claridad atroz que hablaba con mis amigas y les dije: «Me voy a desmayar». Sentí que me absorbieron ferozmente hacia el suelo. Había una cama a pocos metros; fui empujada por la gravedad hacia ella. Recuerdo perder la conciencia varias veces seguidas con ráfagas de realidad; ya no tenía control sobre mí misma. De repente, experimenté una estrangulación fulminante en mi abdomen bajo. Me observaba en la cama; mis amigas eran un murmullo denso; ni ellas ni yo entendíamos qué sucedía. Llamaron a mi madre y me subieron a un taxi en dirección a mi casa. Iba luchando por no desvanecerme, entre náuseas y destemplamiento en las piernas.

Desde los quince años, cada mes aparecía un torniquete de la cintura para abajo; ciertos órganos empezaban a estrujarse, se volvía atemorizante. No existía preparación: su llegada fluctuaba sin norma —a veces a los cinco días, o a los veinte— y la crisis se alargaba entre tres y seis días seguidos. El refugio era mi cama, donde me retorcía como mis vísceras. Aparecían la bolsa de agua caliente, el Menticol, las Buscapinas cada cuatro horas y miles de toallas. Era agobiante sentir tanto dolor, mientras el colegio y luego la universidad seguían su curso y yo me quedaba atrapada en esa espiral.

Existen discursos programados en nuestras generaciones: «Así es la regla», «Eres quejumbrosa», «A todas nos da», «Cuando tengas hijos se te quita». ¿Cómo hacerle entender a la población mundial que un dolor que te incapacita, te rebota, te desangra, te humilla y te arrastra al baño a orinar, evacuar, vomitar y desmayarte —todo de un cimbronazo— no es normal?

Para la comunidad científica, la investigación de la salud humana se realizó durante décadas basada únicamente en la fisiología masculina: los ensayos clínicos, los protocolos de diagnóstico, los tratamientos y las pruebas de medicamentos excluían a las mujeres. La biología femenina era una «variante inestable por las hormonas». Asimismo, los datos «se complicaban» si se usaban animales hembra en los laboratorios. En 1993 se aprobó una ley que exigió incluir a las mujeres en todos los estudios financiados con fondos públicos.

La endometriosis es una enfermedad sistémica, vascular e inmunológica: es la lucha contra un tejido funcional y activo que repite la programación de los estímulos hormonales de cada ciclo como el endometrio original. Desata inflamación severa y es difícil de tratar debido a la variedad de fenotipos. Antes solo se podía diagnosticar mediante laparoscopia; hoy existen mapeos y ecografías especializadas; sin embargo, sigue siendo una condición sin comprensión social y médica.

Silenciosamente, se engrosa y se esparce cubriendo su entorno, pero el sistema inmune despliega una red de fibroblastos que, al secretar colágeno, generan una especie de textil. Entonces se forma un gran órgano mediante la unión del tejido endometrial y esa pegajosa tela cicatrizante, fundiendo los sistemas digestivo, reproductivo, urinario y nervioso, e incluso migrando a lugares remotos del cuerpo.

Esa misma invasión se ejecuta en un motivo descendente en la flauta baja articulando cada nota con un chasquido seco: Si-Fa#-Fa-Sol en negras. Es un gesto que inicia e interrumpe cada vez que interviene en la obra el clarinete, el oboe, el corno inglés o el fagot. Luego infiltra la capa de la familia de los bronces, mientras las maderas sostienen el Si-Fa#-Fa-Sol en octavas paralelas y en legato. Entra el clarinete también con esa articulación junto con la flauta baja y de repente se les une la tuba; los demás continúan con la masa principal. Los violonchelos ya han sido permeados por el Si-Fa#-Fa-Sol rasgando las cuerdas, pero el propio director de orquesta nunca marca la entrada de esa frase. El patrón es absorbido por los vientos y las cuerdas, con texturas en bloques. Ante la repetición incesante en el fondo, la percusión retumba y los contrabajos tocan en fortísimo las cuerdas con la madera del arco acentuando la segunda y tercera nota. Hacia el clímax, todos los vientos hacen una rotación cíclica en el gesto y ahora es Sol-Si-Fa#-Fa. El tejido es espeso y visceral.

Mover, reacomodar, drenar, desarticular, cortar, pelar, escindir, cincelar, vaporizar con láser, cauterizar, aspirar, anastomosar y suturar el tejido endometrial, separando las entrañas fusionadas y movilizando el útero en retroversión, encateterizando el uréter izquierdo, descomprimiendo la vejiga y el peritoneo vesical, despegando el quiste de chocolate en el ovario izquierdo adherido a la fosa pélvica lateral y liberando la trompa de Falopio adosada al ligamento, interviniendo los pequeños focos del ovario derecho, amputando el ligamento uterosacro carcomido, disecando la adenomiosis del miometrio, limpiando el fondo de saco de Douglas, resecando un nódulo gigante en la capa muscular del rectosigmoides, extrayendo el apéndice totalmente infiltrado y raspando los nervios afectados de la pierna izquierda. Las lesiones de las cicatrices durante las dos laparoscopias produjeron más sensibilización en mi sistema nervioso central. Necesité, en grado IV de la enfermedad, ser construida por dentro. 

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